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jueves, 8 de julio de 2010

Efterklang: ‘Magic Chairs’ (4AD / PopStock!, 2010)



 ( Spotify )

La electrónica ya les queda lejos, y la pequeña orquestación de Parades (2008) muy cerca, tan cerca que Magic Chairs puede considerarse ya como la confirmación de una ruptura sin vuelta atrás en el sonido de Efterklang. La electrónica paisajística de los comienzos, cuando debutaron con aquel delicioso Tripper en el sello Leaf, ya no es el lenguaje con el que se quiere distinguir la banda –y digo banda en el sentido clásico de la palabra, porque más que un grupo pop ésta es una orquestina de pasacalles en versión cool–. Ahora hay una ambición moderada que se contrapone a la tímida modestia de los orígenes. Antes eran más múm, es decir, más de cancioncillas que gusta mucho escuchar mientras te desperezas de un agradable sueño, y ahora son más Arcade Fire, con esa abundancia de épica que, en el caso de los daneses, es mucho más contenida que en los canadienses. Todo esto empezó con “Parades”, prosiguió con la versión en directo de ese disco, en el que la instrumentación había aumentado de una forma exagerada (“Performing Parades”), y ahora se consolida en “Magic Chairs”. Sin mayores sorpresas.

Sólo dos. Primero, el fichaje por 4AD, un sello que, por su identificación con el dream-pop, les viene mejor a Efterklang que Leaf, algo más asociado a la experimentación electrónica para oídos tiernos. Este traspaso de una discográfica pequeña pero respetada a otra discográfica un poco más grande y bastante más influyente es una escenificación del evidente crecimiento (popular, sobre todo) que ha notado el nombre Efterklang. Su chamber pop inmaculado merece más promoción, mejor distribución, el acceso de un público algo más amplio, aunque eso signifique siempre un riesgo –el precedente de Piano Magic, que comenzaron su cuesta abajo justo tras dejar Rocket Girl para fichar por 4AD es demasiado reciente como para no tenerlo en cuenta–. Por supuesto, tras el boom de Grizzly Bear, esas canciones de habitación cerrada con ventanas y arreglos neoclásicos, hay mucha gente ahí fuera que pide más y sellos con ganas de satisfacer esas necesidades. La segunda diferencia es que, a diferencia de Grizzly Bear, que contaron con Nico Muhly para los arreglos, Efterklang tienen a Gareth Jones. No es que Gareth Jones no esté mal para ocuparse de las mezclas –su trabajo para Depeche Mode le avala–, pero el resultado es mucho menos imaginativo. No lastra el resultado, pero impide crecer a las canciones como debieran.

Ese es el talón de Aquiles de “Magic Chairs”: sobresalen los arreglos, las fanfarrias y los instantes en los que comparten plano el piano y las cuerdas, pero es difícil acordarse de ninguna canción. Recordemos que, tras “Parades”, Efterklang habían aparcado los cacharros y habían preferido intensificar las melodías: una decisión valiente, pero que exige una responsabilidad, como poco en lo creativo. A menos que no fuera esa la decisión y nos quieran vender ahora como otra cosa lo que en el origen ha sido un error de cálculo. Teniendo en cuenta que Casper Clausen, Rasmus Stolberg y compañía están empezando a andar un camino y que el próximo disco debe ser el de la verdad, tampoco hay que ser mucho más puntillosos con ellos. Pero éste plantea una sensación incompleta que mitigan los grandes aciertos, que sin duda los hay: el aliento minimalista de Modern Drift, que recuerda en parte a Philip Glass, o Raincoats, que tiene unas palmas psicodélicas que le acercan a Animal Collective, y también I Was Playing Drums, que podría funcionar bien en la banda sonora de un film de Winterbottom. No revoluciona el pop, no crea ninguna nueva fórmula, pero sí aumenta la oferta –a nivel de escena– de un pop de cámara, tirando a barroco, que está destinado a ser fuerte en los próximos años.
Alberto Lista.

jueves, 7 de enero de 2010

"The Temper Trap". Un Contagioso Virus.




Los australianos The Temper Trap (no confundir con los mucho más jugosos Tender Trap de Amelia Fletcher) son de esos grupos que parten de una fórmula perfectamente acotada, una estrategia rígida, semifanática.

Formados en 2005 en Melbourne, practican un Indie Rock e incluso Post Punk Revival que a modo de virus musical se está empezando a extender desde las antípodas al resto del mundo. En Australia todos están contagiados, en Estados Unidos están en alerta roja y se dice que en Inglaterra la mitad de la población está en cuarentena. Los principales síntomas son los constantes movimientos de cabeza hacia alante y atrás, silbidos, movimiento frenético del pie derecho y un estado de inconsciencia psicodélica.

La voz de Dougy Mandagi (de origen tailandés) con ese falsete que recuerda a Chris Martin de Coldplay y esas guitarras a lo Muse o a The Edge de U2, muestran claramente unas influencias que ellos mismos reconocen. Además de las ya mencionadas, Massive Attack, Prince o Radiohead son otras de las referencias del cuarteto (Jonathon Aherne, Lorenzo Sillitto y Toby Dundas lo completan). Pudiéndose añadir Arcade Fire o los mismísimos Tv on the Radio, incluso por momentos la voz recuerda a la de Roland Gift de Fine Young Cannibals.

Así son The Temper Trap, una de las bandas revelación de este 2009. El mundo indie está de enhorabuena con bandas pioneras como esta y más aún si hablamos de un disco debut, Conditions (Liberation Music) producido por Jim Abbiss (Arctic Monkeys, Kasabian, Bombay Bicycle Club y Editors entre otros) que te lo da todo a través de cambios de ritmo y giros inesperados, estados de tranquilidad alterados de repente por guitarras contundentes y una voz que parece deslizar por el mástil del bajo. He oído que se empiezan a dar los primeros casos de este extraño fenómeno en nuestro país, no se sabe si de forma controlada o se desbocará hacia todos los oídos.








Porque siempre hay una canción. (((Hoy tres))).