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jueves, 9 de septiembre de 2010

The Baltic Sea: ‘El Gran Blanco’ (Cuac!, 2010)

Casi tres años hace ya, desde aquel prometedor "Forthcoming Science Theory" (Pupilo Records 2007), años en los que The Baltic Sea no han parado de trabajar, componiendo y perfilando nuevas canciones y dando contundencia a su directo. Pero han sido unos años convulsos, en los que los sevillanos han sufrido cambios en su formación, cambiando de batería e incorporando a un nuevo guitarra, han decidido cantar en castellano y cambiado de sello, fichando por Cuac!.

Si con su primer disco, The Baltic Sea pusieron la producción y el sonido en manos de Paco Loco, en este disco han dado un paso mas allá, asumiendo ellos mismos las tareas de producción, grabando en los Estudios La Mina dirigidos por Raúl Pérez, bajista del grupo y que ha sido en los últimos tiempos, responsable de la grabación de grupos como Blacanova, Tannhäuser y Montevideo, entre otros. Seis meses de duro trabajo en el estudio, han dado como resultado "El Gran Blanco", disco de título controvertido, que refleja la fascinación de Esteban, compositor de las letras del grupo, por el tiburón blanco. Y no es ésta la única referencia al mar que hay en el disco, ya que Esteban es un tipo de verbo ágil y eso se nota en unas letras melancólicas que pueden tener diversas interpretaciones y perspectivas.

En el disco predomina un sonido denso aunque melódico y consta de dos partes claramente diferenciadas. Una primera mas rítmica y positiva, con melodías mas pegadizas y aptas para todo tipo de oídos, conformada por "El Gran Blanco", "Un día nuevo", "En lo que te convertirás" y "La verdad", auténtico hit del disco y con una letra de autoafirmación con la que cualquiera puede sentirse identificado y una segunda parte mas introspectiva con "El desastre", "Tú nunca duermes", "Dos años más" y "El río", además de "Pero un día estarás despierta", instrumental continuación de "Tú nunca duermes".

Las canciones de “El Gran Blanco” están llenas de matices que definen momentos de intensidad y en las que la voz de Esteban, remontándonos por su cadencia y color a voces de los noventa y a clásicos de los setenta, cargada de tristeza nos transmite intensas emociones, como si de un instrumento más se tratara.

Buenas noticias para el indie nacional, los chicos de báltico ya están de vuelta y la espera ha merecido la pena.
Jaime Marco.

viernes, 13 de agosto de 2010

Fitness Forever: ‘Personal Train’ (Elefant, 2009)



 ( Spotify )

Desde Italia, llega Fitness Forever, una propuesta de luminosidad retro, con aires disco y pop directos desde los años 70 o incluso primeros 80. La banda, liderada por el napolitano Carlos Valderrama, es una de las apuestas de Elefant para 2009 y está teniendo bastante buena aceptación. Después de fichar por EMI, acaban por no llegar a un acuerdo, y es entonces cuando Elefant entra en escena y ‘Personal Train’ se convierte en el atractivo proyecto que hoy tenemos en nuestras manos.



El cuarteto se forma en 2006. A Carlos se unen Big TonyFresa, Scialdone y la parte femenina indispensable que aporta Paster. Como dicen en su biografía promocional, piensan que “una banda de pop moderna necesita absolutamente una cantante femenina guapa que pueda posteriormente dejar el grupo por una carrera en solitario como ya han hecho Gwen Stefani o Nina Persson”. Y les ha quedado fenomenal.

Con canciones como ‘Vacanze a Settembre’, una de las más luminosas del LP, te plantas de pronto en una playa en septiembre, cuando el verano sigue presente pero las puestas de sol ya huelen a otoño y a cambio. ‘L’anarchica pugliese’, ‘Monica’ y ‘Probabilmente’ son temas de puro pop que podrían recordar a Richard Hawley mezclándose con canciones de, por ejemplo, Cecilia Ann con una Rita Pavone o Mina al frente, haciéndose cargo de la situación.



Bacharach’ o ‘D’estate’ son otros dos de los regalos retro dentro de ‘Personal Train’, bailables y positivas, con arreglos sorprendentes. Entre las instrumentales, que hay varias, encontramos más de una maravilla, como la delicia que supone ‘Albertone’ y esos silbidos que dan más paz que otra cosa. ‘Je Je Jeox’ pasa por los ritmos de Brasil mientras que ‘Outro’ es una delicia de cuerdas y metal que da paso a la última pista del álbum con una elegancia digna de las bandas sonoras de Mancini. Todo un descubrimiento. Me declaro completamente fan.
Angèle Leciel.

jueves, 12 de agosto de 2010

The School: ‘Loveless Unbeliever’ (Elefant, 2010)


Quienes opinen que el “revival” de los “girl-groups” de los 60 es el mejor que podía experimentar la música actual han encontrado en The School la nueva banda a la que venerar. Estrictamente no son una banda de chicas, pero a diferencia de lo que sucedía con muchas de las formaciones femeninas promovidas por Phil Spector o recientemente las Pipettes reclutadas por Monster Bobby, aquí sí es una chica quien más manda. Todas las canciones excepto dos en las que ha participado el guitarrista Simon Stone, también a los coros, están escritas en solitario por la líder Liz Hunt.



No es el único parecido con Camera Obscura, donde también Tracyanne suele escribir en solitario. También en el tipo de fotografías, letras y referencias a los 60 y a los 50, The School son el sustituto perfecto de la banda en Elefant, que apunta The Shirelles, The Supremes o The Marvelettes como influencias principales. Otras veces los parecidos extraídos pueden ser más peregrinos. ‘Can’t Understand’ parece un tema de la última etapa de Belle & Sebastian, y como se te ocurra que ‘I Want You Back’ se parece a ‘En algún lugar’ de Duncan Dhu y ‘All I Wanna Do’ a ‘Everybody Knows (Except You)’ de Divine Comedy, no te lo podrás quitar de la cabeza.



Sin embargo, homenajes y parecidos casuales aparte (un título como ‘Hoping and Praying’ no puede sino hacer pensar en ‘Wishin’ And Hopin’ de Dusty Springfield), lo importante de verdad es que ‘Loveless Unbeliever’ recopila todas las canciones importantes que el grupo ha ido editando en singles durante los últimos años, junto a otras a la altura. Está ‘Let It Slip’, que debería ser un himno atemporal, y no falta ‘I Don’t Believe In Love’ de la banda sonora de ‘Yo también’, junto a su nuevo single ‘Is He Really Coming Home?‘. Las letras, que buscan constantemente un hombro en el que apoyarse cuando tu propio cuerpo no te permite sostenerte en pie (‘Shoulder’), remiten a noviazgos y a rupturas típicas de la adolescencia. “Me encanta todo, todo sobre ti. Haría cualquier cosa por abrazarte”, “dijo que siempre sería honesto y que nunca me dejaría”, “si alguna vez me dejas, ¿te irás inmediatamente con ella o aguantarás tú solo?”, etcétera. Historias sobre celos deliciosamente orquestadas en la producción de Ian Catt (Saint Etienne, Niza), que no encuentran un punto bajo en las trece pistas de ‘Loveless Unbeliever’. ¿Alguna vez te has cansado de ver ‘Grease’?
Sebas.

viernes, 6 de agosto de 2010

The Radio Dept.: ‘Clinging To a Scheme’ (Labrador / Popstock!, 2010)



 ( Spotify )

People see rock’n’roll as youth culture and when youth culture becomes monopolized by big business, what are the youth to do? Do you have any idea? I think we should destroy the bogus capitalist process that is destroying youth culture”… Justo en el intersticio que separa la primera canción de la segunda en su último álbum, The Radio Dept. liberan esta cita extraída de “1991: The Year Punk Broke”, un documental que sigue la vida en la carretera de Sonic Youth, Nirvana y otras bandas durante el citado año 91. La cortan, eso sí, justo en el momento en el que la voz debería continuar con una frase bomba: “The first thing to do is destroy the record companies”. Pero es que a los suecos no les interesa la parte capitalista: su intención se queda en la defensa de la cultura juvenil primigenia. Una defensa intencional y nada gratuita.



Justo ahora, cuando la ola de pop hipnagógico de la temporada pasada empieza a abandonar la orilla del hype, llegan The Radio Dept. y reivindican esa “youth culture” primigenia, aquella a la que el capitalismo todavía no había pervertido, despojándola de cualquier tipo de profundidad y simplificándola al nivel de una alegría banal e insustancial. Dicho en otras palabras: al Papa lo que es del Papa y al sueco lo que es del sueco. Podía parecer que el triunvirato formado por Memory Tapes, Neon Indian y Washed Out (la Sagrada Trinidad del pop hipnagógico) se aproximaba al legado sueco por la vía del hedonismo burbujeante y contagioso; pero Clinging To A Scheme está dispuesto a demostrar que la alegría sueca tiene distintos niveles de lectura. Y que, bajo esa primera capa de piel, el resto de epidermis está preñada de la melancolía y afectación con la que crecen los jóvenes más aficionados a las librerías de segunda mano y menos al McDonald’s.

Los mismos The Radio Dept. dicen que el tercer álbum de su larga trayectoria (la primera formación de la banda data de mediados de los 90) está influido por “el post-punk minimalista, el krautrock repetitivo y el ambient noise”. Pero lo que aquí hay es synth-pop mayestático. Aceptamos el minimalismo (sin el post-punk), la repetición (con ciertos toques kraut, eso es cierto) y el ambient (sin el noise). Pero el resto es una amalgama deliciosa en la que las capas de sonido se entrelazan con una suavidad extrema y brumosa hasta llegar al punto de que “Clinging To A Scheme” bien podría considerarse una única canción dividida en diez partes. Lo cierto es que tiene mérito proporcionarle un empaque homogéneo a un sonido en el que subyacen influencias tan dispares como Joy Division (con esa sequedad espacial y percutiva tan patente en canciones como “This Time Around”), Junior Boys (a través de esa elegancia lánguida y sintética sublimada en “Memory Loss”), Pet Shop Boys (por toda la carga de derrota con un trasfondo de alegría, tal y como puede escucharse en “Heaven’s On Fire”) y My Bloody Valentine (al fin y al cabo, no pueden alejarse de la neblinosa influencia del shoegaze que marcó el debut de la banda).



A medio camino entre lo analógico y lo sintético, entre lo real y lo irreal, “Clinging To A Scheme” es un disco que puede deslizarse por tus oídos con la peligrosa velocidad del mercurio: si no le prestas atención, si no lo agarras dócilmente, se escurrirá y se escapará. Pero si te abres de orejas y pones atención a los detalles, a las diferentes capas que juegan al escondite inglés, todo un espectáculo de luminosidad baleárica y pop brumoso estallará en tus retinas e inundará tus sentidos. Como si una novia en ciernes te hubiera grabado una cassette (de hecho, parece que la banda busca precisamente aquel sonido crujiente y sucio) con los grandes éxitos del synth-pop ochentero menos obvio. Como si tu mejor amigo te hubiera regalado una mixtape que dejará constancia de que vuestra adolescencia se acaba y de que la alegría de los 15 años empieza a preñarse de una tristeza suave que ya no os abandonará nunca. Como si el Burguer King y la MTV no hubieran adormecido a la juventud haciéndole creer que la alegría es un sentimiento maravilloso que puede durar para siempre. Así suena este disco. Y así, a base de profundidad, han conseguido The Radio Dept. firmar la respuesta perfecta a la tontería yanqui que creía que podía facturar el sonido sueco mejor que los propios suecos.
Raül de Tena.

domingo, 18 de julio de 2010

Tom Boyle: ‘Maniobra de Aproximación’ (Starsky Records, 2009)



( Spotify )

El debut de Tom Boyle se mueve entre el Donosti Sound y el Getxo Sound, dos movimientos surgidos a comienzos de los años 90 que revitalizaron la música en el País Vasco, asociada hasta entonces al punk y al rock. Desde Bilbao aparecían bandas cercanas al noise y a la no wave neoyorkina, con Sonic Youth como principal referencia. Aparte de Lord Sickness o Cancer Moon, fueron El Inquilino Comunista los que más repercusión alcanzaron, llegando a telonear a algunos de sus ídolos (The Breeders, Sonic Youth, Pavement). En cambio, en San Sebastián la vertiente era otra: bandas de pop delicado, que miraban al folk de los 60, al pop de los 80 y a viejas bandas españolas para contar historias cotidianas cantadas en castellano. Los pioneros fueron Aventuras de Kirlian, y la banda surgida de sus cenizas, Le Mans, pero los otros dos pilares son los que consiguieron un recuerdo más vivo: La Buena Vida y Family, autores de un solo disco, pero menudo disco.

Esta larga introducción a modo de "arqueología indie" viene totalmente a cuento tratándose de Tom Boyle. Oriundos de Getxo, y descendientes directos de la escena de su ciudad, miran sin embargo de soslayo a sus vecinos de Guipúzcoa, aunando las dos propuestas de una forma natural. "Maniobra de Aproximación" (Starsky, 2009), combina los momentos de furia y distorsión con la sutileza de un piano y una guitarra acústica. Utiliza el castellano, las voces chico-chica y letras sencillas pero evocadoras.

El disco comienza con la mejor canción posible, "Desdobladas", un tema que recuerda a Los Planetas de "Super 8" (RCA, 1994) y que cuenta el desdoblamiento de la protagonista en dos personas iguales en la superficie pero radicalmente en su interior , una mujer atrapada en su propia rutina y otra que se libra de todas las ataduras. La canción no tiene estribillo, pero es pegadiza como ella sola y supone una carta de presentación bien contundente. "Latido", "Tu frecuencia", "En otro lugar" y "Un día en la playa" juegan también en la liga del noise de los 90, en los que la voz monótona (adjetivo que no utilizaré de manera peyorativa, más bien en la misma línea que Jone, de Le Mans) de Gloria empasta perfectamente con la instrumentación.

En los momentos más intimistas también salen airosos. Los "pam-pam-pam" de "Soul Rider" nos retrotraen a otros tiempos, con sus dos voces y los arreglos de violín, y junto a la magnífica "La caja" recuperan el espíritu de Donosti.

La aventura acuática de "Sin noticias de Glub" es la más popera del álbum, y funciona como nexo de todas las influencias, al igual que "Eclipse", un medio tiempo in crescendo en el que los instrumentos van uniéndose a medida que avanza la canción, alcanzando altas cotas de emoción.

La producción de éste y el resto de temas es completamente vintage, y da la sensación de que no desentonaría en 1995. Que el productor Raúl Pérez esté considerado como un discípulo de Paco Loco probablemente tenga mucho que ver en el acabado final del álbum, que contiene las guitarras y sube el reverb dándole un aire que suena antiguo, y que es todo un lujo para los que amamos el indie de toda la vida.
BDF.

jueves, 8 de julio de 2010

Efterklang: ‘Magic Chairs’ (4AD / PopStock!, 2010)



 ( Spotify )

La electrónica ya les queda lejos, y la pequeña orquestación de Parades (2008) muy cerca, tan cerca que Magic Chairs puede considerarse ya como la confirmación de una ruptura sin vuelta atrás en el sonido de Efterklang. La electrónica paisajística de los comienzos, cuando debutaron con aquel delicioso Tripper en el sello Leaf, ya no es el lenguaje con el que se quiere distinguir la banda –y digo banda en el sentido clásico de la palabra, porque más que un grupo pop ésta es una orquestina de pasacalles en versión cool–. Ahora hay una ambición moderada que se contrapone a la tímida modestia de los orígenes. Antes eran más múm, es decir, más de cancioncillas que gusta mucho escuchar mientras te desperezas de un agradable sueño, y ahora son más Arcade Fire, con esa abundancia de épica que, en el caso de los daneses, es mucho más contenida que en los canadienses. Todo esto empezó con “Parades”, prosiguió con la versión en directo de ese disco, en el que la instrumentación había aumentado de una forma exagerada (“Performing Parades”), y ahora se consolida en “Magic Chairs”. Sin mayores sorpresas.

Sólo dos. Primero, el fichaje por 4AD, un sello que, por su identificación con el dream-pop, les viene mejor a Efterklang que Leaf, algo más asociado a la experimentación electrónica para oídos tiernos. Este traspaso de una discográfica pequeña pero respetada a otra discográfica un poco más grande y bastante más influyente es una escenificación del evidente crecimiento (popular, sobre todo) que ha notado el nombre Efterklang. Su chamber pop inmaculado merece más promoción, mejor distribución, el acceso de un público algo más amplio, aunque eso signifique siempre un riesgo –el precedente de Piano Magic, que comenzaron su cuesta abajo justo tras dejar Rocket Girl para fichar por 4AD es demasiado reciente como para no tenerlo en cuenta–. Por supuesto, tras el boom de Grizzly Bear, esas canciones de habitación cerrada con ventanas y arreglos neoclásicos, hay mucha gente ahí fuera que pide más y sellos con ganas de satisfacer esas necesidades. La segunda diferencia es que, a diferencia de Grizzly Bear, que contaron con Nico Muhly para los arreglos, Efterklang tienen a Gareth Jones. No es que Gareth Jones no esté mal para ocuparse de las mezclas –su trabajo para Depeche Mode le avala–, pero el resultado es mucho menos imaginativo. No lastra el resultado, pero impide crecer a las canciones como debieran.

Ese es el talón de Aquiles de “Magic Chairs”: sobresalen los arreglos, las fanfarrias y los instantes en los que comparten plano el piano y las cuerdas, pero es difícil acordarse de ninguna canción. Recordemos que, tras “Parades”, Efterklang habían aparcado los cacharros y habían preferido intensificar las melodías: una decisión valiente, pero que exige una responsabilidad, como poco en lo creativo. A menos que no fuera esa la decisión y nos quieran vender ahora como otra cosa lo que en el origen ha sido un error de cálculo. Teniendo en cuenta que Casper Clausen, Rasmus Stolberg y compañía están empezando a andar un camino y que el próximo disco debe ser el de la verdad, tampoco hay que ser mucho más puntillosos con ellos. Pero éste plantea una sensación incompleta que mitigan los grandes aciertos, que sin duda los hay: el aliento minimalista de Modern Drift, que recuerda en parte a Philip Glass, o Raincoats, que tiene unas palmas psicodélicas que le acercan a Animal Collective, y también I Was Playing Drums, que podría funcionar bien en la banda sonora de un film de Winterbottom. No revoluciona el pop, no crea ninguna nueva fórmula, pero sí aumenta la oferta –a nivel de escena– de un pop de cámara, tirando a barroco, que está destinado a ser fuerte en los próximos años.
Alberto Lista.

martes, 23 de marzo de 2010

La Realidad de 'Lori Meyers'


'Mi Realidad' es la canción que avanza el cuarto disco de Lori Meyers, que se publicará en Abril y que ha sido grabado en Los Ángeles donde permanecieron quince días para dar vida a las once canciones en las que habían estado trabajando a lo largo del último año.

De entrada, presenta algunas diferencias con los anteriores porque ahora la electrónica y los teclados juegan un papel importante. Quizá era lo que les faltaba a los granadinos después de los tres discos que ya conocíamos. 'Cuando El Destino Nos Alcance', así se titula lo nuevo de Lori Meyers.

Extraído del programa de Virginia Díaz, '180 Grados'

Os dejo con uno de mis temas predilectos, de su anterior trabajo "Alta Fidelidad":