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lunes, 9 de agosto de 2010

We Have Band: ‘WHB’ (Naïve, 2010)



 ( Spotify )

Allá por 2007, We Have Band presentaron dos canciones a través de Internet. Dos canciones más o menos bailables que tuvieron un cierto éxito en la escena independiente. Sin embargo, después desaparecieron casi hasta ahora, que publican ‘WHB’, su álbum de debut. En él se incluyen ‘Oh!’ y ‘Divisive’, los dos temas mencionados anteriormente. El primero tiene un comienzo un poco fangorio, y perfectamente podría ser un descarte del ‘Odyssey’ de Fischerspooner. El segundo tiene un toque más luminoso, pero ambas se alejan bastante al tono general del álbum, que resulta un poco más oscuro.



La prensa, sin embargo, se ha encargado de encumbrarlos haciendo extrañas comparaciones. Entre Hot Chip y Animal Collective, aunque no se parecen especialmente a ninguno de los dos. Sí hay que comentar, sin embargo, que el productor de ‘WHB’ es Gareth Jones (Grizzly Bear, These New Puritans), lo que añade un punto a favor del álbum.



Pese a su inclinación hacia la electrónica bailable, We Have Band no consiguen destacar especialmente en sus canciones nuevas. Quizás es que se habían puesto el listón demasiado alto revelando sus dos mejores composiciones con demasiada anterioridad. Al final terminas pensando “¿tres años para esto?”. Aunque el disco se deja escuchar. De hecho, es en la segunda mitad de ‘WHB’ donde está lo mejor. Donde se adivinan algunos ecos de Joy Division o de The Smiths (en la parte vocal) en ‘Centerfolds & Empty Screens’, que se confirma como una de las mejores canciones del LP y un ejercicio de electrónica sucia bastante interesante. Encadenada con ‘Hear It In The Cans’, ‘You Came Out’ y con ‘Hero Knows’ como colofón final, We Have Band dejan ver que ‘WHB’ podría haber sido mucho más interesante. Habrá que seguir esperando.
Farala.

viernes, 23 de julio de 2010

New Young Pony Club: ‘The Optimist’ (The Numbers, 2010)



 ( Spotify )

Paranoias de criptóloga frustrada. Al entrar en el Myspace de New Young Pony Club encuentro una imagen de la formación con un cartel sobre sus cabezas que reza “the club is not a playground” (el club no es un patio de colegio). Entonces recuerdo que el primer disco de la banda inglesa se llamaba Fantastic Playroom (Modular, 2007) (la versión indoor de “playground” podría ser “playroom”, sala de juegos); su primer álbum hacía gala de una pose irreverente, descarada y divertida muy teenager. Fue precisamente esta pose la que los encumbró al éxito, sobre todo en las pistas de baile. Y es que con “Icecream” sonando y un par de chupitos resultaba fácil sacar la mamarracha que llevas dentro y sentirte la más guarra de las protas de “Física O Química”. Cuando escucho por primera vez este The Optimist la frase vuelve a mi mente y se convierte en una declaración de intenciones: “the club is not a playground”. NYPC ya no son niñatos, han madurado, se han sofisticado, han perdido a un miembro por el camino (Igor Volk, el bajista) y parecen querer dejar atrás la estela de su primer álbum. Si la maniobra es productiva en términos de beneficios mercantiles quedará por ver. Lo que está claro es que es una evolución tan natural como la vida misma y tan inevitable como la ley de gravedad. El tiempo pasa para todos. Pero hay cosas que son para siempre…



Como el tremendo carisma de Tahita Bulmer, su vocalista. La diva del flúor del electro-rock ha tirado sus camisetas de American Apparel, se ha dejado melena rubia platino y se ha hecho un fondo de armario nuevo a base de tiendas vintage y el Top Shop. Pero sigue siendo una tía con carisma, como hace gala su voz, más responsable de sus actos, más experimental, más cambiante. La serenidad y la presencia que adopta tarareando en “Oh Cherie”, así como la pose diva-heroinómana-rockera de “Rapture” no conocen precedente. Perdura, sin embargo, el aire de confianza, la actitud tirando a prepotente que ya conocíamos de sus anteriores canciones. Y prácticamente ella se convierte en la protagonista del álbum (así como de la portada del disco, sospechoso, ¿no?). Porque “The Optimist”, a pesar de abanderar un giro en el sonido de la formación que resulta atractivo, no contiene ningún verdadero hype, ningún temazo de esos que cuando lo oyes sabes que lo va a remezclar hasta la Abuela DJ. Con algo más de potencia bailable destacan “We Want To”, “Lost A Girl” o el single “Chaos”. A pesar de carecer del aura festiva de los éxitos anteriores, son un buen ejercicio de rock electrificado para pistas de baile indies. “Dolls” mantiene el bombeo de las anteriores pero añadiéndole un toque guateque con los sintetizadores y la pandereta. El resto de canciones de “The Optimist” no tiene nada de optimistas; todo lo contrario. Bajadas de revoluciones en comparación con el ritmo habitual de la banda, parece que Bulmer y sus compañeros se hayan pasado mucho tiempo encerrados escuchando The Cure, Interpol y Joy División y se les haya pegado algo del shoegaze de The XX. Líneas de bajo sobreexpuestas a cajas de ritmos marcadísimas. Y un oscurantismo, un desasosiego y una melancolía sólo comprensible en ese niño que descubre el desengaño de la vida adulta. El fin de la diversión, el principio de las responsabilidades.



Con un poco de suerte, la horda de fans que cultivaron tras el boom de “Fantastic Playroom” también habrá crecido, habrá madurado y ahora la vida le parecerá un poco más mierda, las canciones de “The Optimist” hitazos y lo anterior de la banda una banalidad de moderno gafapastas. De no ser así, puede que NYPC encuentren con este sonido fans venidos de otras influencias, menos electrónicas, más instrumentales, más acústicas. Como el disco. Pero aunque el éxito les dé la espalda con este nuevo álbum, un bravo por Tamita Bulmer, que ha puesto la primera piedra para convertirse en uno de esos iconos pop camaleónicos que tanto venden. Y otro bravo por la banda entera, que ha afrontado su nueva condición vital y la ha trasladado a su música con valentía y sin aferrarse a su dulce pasado. Ahora sólo cabe esperar que aprendan a disfrutar de la vida como lo hicieron antaño, a poder ser, antes del tercer disco.
Mónica Franco.

viernes, 9 de abril de 2010

Adios al ideólogo del PUNK!


Fino, cínico, inteligente. O también oportunista, estafador, despiadado. Abundan las descripciones para Malcolm McLaren: el hombrecillo que ayer falleció en Suiza, víctima de un implacable cáncer de pleura, no dejaba indiferente a nadie.

Sencillamente, Malcolm cambió la historia cultural del último cuarto del siglo XX. Eso resulta evidente, lo complicado es explicar qué hizo exactamente. Cantaba mal (se empeñó, ay, en demostrarlo) y estaba particularmente negado para la música. Sin embargo, sabía contratar a los expertos. Bajo su nombre, bendito descaro, firmó discos tan caraduras que se convierten en irresistibles, como los dedicados a las arias de ópera, los valses de Viena o las melodías de París. Su gran acierto fue 'Duck rock', que anticipó la expansión mundial del hip-hop o lo que luego bautizaron como world music.

Sex Pistols, un negocio no tan redondo.

No se quedó a cosechar los posibles frutos. En el caso del 'Duck rock', por precaución: los nativos no agradecieron que firmara como propias, ideas ajenas. Era un jugador que se iba rápido del casino, sin esperar a comprobar si casualmente había hallado un método para ganar. Hay que entenderle: necesitaba liquidez ya que sacó poco dinero de su Golpe Maestro. No, seamos exactos: consiguió una millonada de los Sex Pistols pero se le rebelaron los enanos, que le derrotaron en los tribunales. Extraño lugar para resolver los conflictos entre unos músicos con acné y un tiburón formado en el situacionismo del 68.

 

El ideólogo del punk

De todos modos, un respeto para Malcolm. El punk sería hoy un lejano movimiento agotado, como el glitter o el pub rock, de no haber contado con una articulación ideológica. Fue McLaren quién proporcionó las primeras gotas de combustible para aquel coctel Molotov que sigue ardiendo en los cinco continentes. Ahora mismo, hay cien bandas punk tocando en sótanos de Pekín. Seguramente, muy pocos de sus integrantes saben quién era Malcolm -y los que lo saben, le escupirían sin dudarlo- pero ellos son el último eslabón de una cadena que empezó a forjar aquel listillo, aquel descendiente de judíos sefarditas que nos ha dejado a los 64 años.

Diego Manrique (Radio 3)

Os dejo con su tema 'About Her' incluído en la banda sonora de Kill Bill Vol.02: 

martes, 12 de enero de 2010

Theoretical Girl. La Gainsbourg londinense.




Los vinilos de papá eran casi todos franceses. Él la dejaba tocarlos, sacarlos de sus fundas, limpiarlos metódicamente para luego colocarlos en la tornamesa de la sala. Si bien ella escuchaba casi siempre voces femeninas, candorosamente juveniles, provocadoramente festivas, papá siempre terminaba diciendo: “Serge es Dios”. Mientras él reposaba en el sillón y parecía estar en el paraíso, Amy observaba con detenimiento las portadas de los singles y LP’s. Cada vez que lo hacía comprobaba nuevamente que los vestidos encendidos y las mallas multicolores que papá solía comprarle no eran ninguna casualidad. El cerquillo, que también llevaba mamá, la convertía en una chica yeyé.

Un buen día abandonó todo eso. Lo último que recuerda de su padre es observarlo frente a la televisión viendo una y otra vez L’homme qui aimait les femmes, acompañado de un amigo con quien solía divertirse luego charlando sobre antiguas ediciones del Festival de San Remo y de Eurovisión.

Amy nunca dejaría la música y su look de chica Gainsbourg. Intentaba grabar algunas canciones sueltas que había terminado en su habitación. Un día mientras compraba un vinilo de Drake, él la vio. Pasó lo mismo que con Isobel o casi: ella no permitió que la fotografiara. Él no paraba de insistir, hablaba del casting para una película. Amy estuvo a punto de acceder (solo porque él llevaba una polera de The Smiths), pero Stuart pensando que ella no lo entendía, y debido a su apariencia, comenzó a hablarle en francés. Eso bastó para que ella se perdiera corriendo por las calles.

Amy Turnnidge es un éxito en Japón. Ha triunfado en la tierra de los fetiches, de los coleccionistas compulsivos. Un single acústico ha sido el responsable. Los arreglos y las orquestaciones escuchadas en la infancia han hecho lo suyo. Ahora se hace llamar Theoretical Girl y su banda de apoyo es The Equations (pensó en ponerle The Constants, sin embargo revivir el pasado sin ningún tipo de control es algo que todavía no puede manejar). Componer su primer disco ha sido un proceso doloroso. Siente que ha revelado mucho de ella, pero que era necesario: el pop curará sus penas. Antes de reunirse con unos periodistas japoneses, Amy busca el bar del hotel. Pide un apple martini. El primer trago es dulce y ella espera que sea el signo de la noche. Todo cambia cuando el tipo sentado a su lado le susurra: “¿Aún recuerdas la canción que ganó la Euro de 1964?”

Texto de ‘Bambino Pons




 
Porque siempre hay una canción.

martes, 5 de enero de 2010

"Burial". Fantasmagoría sonora.




Mientras todo aquel que de algún modo se involucra en el universo sonoro, se vuelve loco configurando sus personalizadas listas con lo mejor del reciente año extinto, para mí ya es demasiado tarde y por falta de tiempo tendré que esperarme 365 más. Hay gente que se atreve incluso con reflejar lo mejor de la primera década del siglo XXI y revisando algún que otro listado, no puedo dejar escapar la oportunidad de hablar de uno de los mejores discos del 2007, la obra de un fantasma, o de algo parecido. Se trata del álbum Untrue, elegido por revistas especializadas y periódicos de medio mundo como el gran logro musical del citado año. Tanto consenso se lo debemos a un artista que se autodenomina Burial (entierro). Un apodo que dice, alude a su sombra.

Burial no revela su verdadero nombre. No actúa en directo. No aparece en fotografías. Y apenas ha confesado a unos pocos conocidos su verdadera ocupación: "Sólo cinco personas aparte de mi familia conocen lo que hago", declaró a The Wire, en una de sus muy contadas entrevistas.

El artista es la estrella más oscura de la música electrónica y también uno de los nombres clave en el dubstep, género también elusivo, mezcla de dub, drum and bass y techno minimalista, que nació en los barrios del sur de Londres a principios de esta década. Por sus ritmos atronadores, melodías sombrías y visión apocalíptica, el estilo parecía condenado a permanecer en el subsuelo, alimentando radios piratas y madrugadas londinenses. Pero el boca-oreja hizo que el primer disco homónimo de Burial, que pintaba un Londres futuro ahogado bajo el agua, se hiciera eco más allá de la prensa especializada. Con Untrue no ha hecho sino llegar la confirmación. Su segundo trabajo es tan melancólico y extrañado como el primero, pero añade voces que parecen de otro mundo, presencias de ángeles desgraciados, ruidos de llaves de coche y disparos. Narra historias de fantasmas -el tema le fascina aparentemente-, viajes en autobuses nocturnos, ecos de fiestas pasadas, noches solitarias en un McDonald's. Un sonido que, con todo, el productor Kode 9 no encasillaría en el dubstep. Amigo del artista y fundador de la discográfica Hyperdub, que publica el trabajo de Burial, disiente por correo electrónico: "Su música es totalmente diferente. [...] Es un subgénero en sí misma".

Sea como fuere, las críticas entusiastas no hacen sino acrecentar el interés sobre su figura. Existen todo tipo de rumores y teorías. Hay quien dice que Burial es una mujer; que se trata de alguien mayor intentando hacerse pasar por veinteañero; que es un productor que quiere diversificar su trabajo... Burial declaró al diario británico The Guardian que simplemente "quiere recuperar el arte de guardar un secreto, para que mi público se sienta más cerca de la música". "No buscaba provocar expectación, pero, al final, lo ha hecho", dice un productor de dubstep que le conoce y que prefiere no revelar su nombre. "La gente cree que su anonimato es un artero plan de marketing. Lo que me hace reír. El éxito nos pilló a los dos por sorpresa", añade Kode 9. Las malas lenguas le señalan como el álter ego de Burial. "Está claro que en algún momento su identidad saldrá a la luz. Pero no será un problema. Se trata sólo de un tipo que quiere seguir con su vida, haciendo música y cosas que no tienen que ver con la música".



Porque siempre hay una canción.