miércoles, 8 de septiembre de 2010

Rauelsson: ‘La siembra, la espera y la cosecha’ (Hush, 2010)



Es común que los artistas emigrados no entiendan demasiado bien la cultura de su país de adopción. Le ha sucedido a Josh Rouse, cuyo disco inspirado por su nueva vida en Valencia es más "tropicalista" que mediterráneo, y también a Stuart Staples de Tindersticks. Sin embargo no ha sido así en el caso de Raúl Pastor, Rauelsson cuando se sube a un escenario y trabaja en el estudio. Pastor vive a medio camino entre Castellón y la ciudad norteamericana de Portland, donde ha encontrado su verdadera personalidad como artista. Rodeado de músicos locales y primeros espadas del indie nacional (Santi Campos o Julio de la Rosa), ha creado un disco de folk que emana humedad, lleno de mística y que hace pensar en bosques y naturaleza.

Dicho así, alguno puede pensar que no está tan lejos de una parte del cancionero de Remigi Palmero o Julio Bustamante. Pero lo suyo es realmente el sonido de los Apalaches que han popularizado Mariee Sioux o la primera Joanna Newsom; también el recogimiento y misterio de las bandas de Language Of The Stone, el sello de Greg Weeks. La siembra, la espera y la cosecha es un debut sobresaliente con una identidad llamativa. Porque a pesar de poseer una estética tan americana, está cantado en castellano. La primera piedra de una carrera que promete, y que tendrá como siguiente paso un trabajo junto a Peter Broderick, con el que ha estado grabando en los últimos meses. Un pulso creativo que promete canciones con unas altas dosis de belleza.

martes, 7 de septiembre de 2010

Los legítimos ganadores del 'Mercury Prize'.



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The xx se han hecho finalmente con el Mercury Prize, uno de los premios más prestigiosos del Reino Unido, gracias a su homónimo álbum de debut. Habían sido favoritos desde el principio junto a Dizzee Rascal, pero en el último momento Paul Weller les adelantaba en las casas de apuestas con ‘Wake Up The Nation’. Finalmente, The xx se han hecho con el premio.

The xx se han mostrado emocionados al recoger el galardón: “Hemos tenido el año más increíble. Cada día nos hemos despertado con algo increíble que nunca hubiéramos esperado”. The Guardian, que ha hecho un “minuto a minuto” de la ceremonia, ha indicado que no se han escuchado gritos de perplejidad cuando se ha pronunciado el nombre de The xx como sucedió con Speech Debelle en 2009 o con Elbow en 2008, quizá porque más o menos todo el mundo esperaba que este año no hubiera sorpresas tras el fracaso comercial de Debelle.

Además de Weller y Rascal, también estaban nominados al Mercury Prize Foals, Mumford & Sons, Corinne Bailey Rae, Biffy Clyro, Villagers, Wild Beasts, Kit Downes Trio, Laura Marling y I Am Kloot.

viernes, 13 de agosto de 2010

Fitness Forever: ‘Personal Train’ (Elefant, 2009)



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Desde Italia, llega Fitness Forever, una propuesta de luminosidad retro, con aires disco y pop directos desde los años 70 o incluso primeros 80. La banda, liderada por el napolitano Carlos Valderrama, es una de las apuestas de Elefant para 2009 y está teniendo bastante buena aceptación. Después de fichar por EMI, acaban por no llegar a un acuerdo, y es entonces cuando Elefant entra en escena y ‘Personal Train’ se convierte en el atractivo proyecto que hoy tenemos en nuestras manos.



El cuarteto se forma en 2006. A Carlos se unen Big TonyFresa, Scialdone y la parte femenina indispensable que aporta Paster. Como dicen en su biografía promocional, piensan que “una banda de pop moderna necesita absolutamente una cantante femenina guapa que pueda posteriormente dejar el grupo por una carrera en solitario como ya han hecho Gwen Stefani o Nina Persson”. Y les ha quedado fenomenal.

Con canciones como ‘Vacanze a Settembre’, una de las más luminosas del LP, te plantas de pronto en una playa en septiembre, cuando el verano sigue presente pero las puestas de sol ya huelen a otoño y a cambio. ‘L’anarchica pugliese’, ‘Monica’ y ‘Probabilmente’ son temas de puro pop que podrían recordar a Richard Hawley mezclándose con canciones de, por ejemplo, Cecilia Ann con una Rita Pavone o Mina al frente, haciéndose cargo de la situación.



Bacharach’ o ‘D’estate’ son otros dos de los regalos retro dentro de ‘Personal Train’, bailables y positivas, con arreglos sorprendentes. Entre las instrumentales, que hay varias, encontramos más de una maravilla, como la delicia que supone ‘Albertone’ y esos silbidos que dan más paz que otra cosa. ‘Je Je Jeox’ pasa por los ritmos de Brasil mientras que ‘Outro’ es una delicia de cuerdas y metal que da paso a la última pista del álbum con una elegancia digna de las bandas sonoras de Mancini. Todo un descubrimiento. Me declaro completamente fan.
Angèle Leciel.

jueves, 12 de agosto de 2010

The School: ‘Loveless Unbeliever’ (Elefant, 2010)


Quienes opinen que el “revival” de los “girl-groups” de los 60 es el mejor que podía experimentar la música actual han encontrado en The School la nueva banda a la que venerar. Estrictamente no son una banda de chicas, pero a diferencia de lo que sucedía con muchas de las formaciones femeninas promovidas por Phil Spector o recientemente las Pipettes reclutadas por Monster Bobby, aquí sí es una chica quien más manda. Todas las canciones excepto dos en las que ha participado el guitarrista Simon Stone, también a los coros, están escritas en solitario por la líder Liz Hunt.



No es el único parecido con Camera Obscura, donde también Tracyanne suele escribir en solitario. También en el tipo de fotografías, letras y referencias a los 60 y a los 50, The School son el sustituto perfecto de la banda en Elefant, que apunta The Shirelles, The Supremes o The Marvelettes como influencias principales. Otras veces los parecidos extraídos pueden ser más peregrinos. ‘Can’t Understand’ parece un tema de la última etapa de Belle & Sebastian, y como se te ocurra que ‘I Want You Back’ se parece a ‘En algún lugar’ de Duncan Dhu y ‘All I Wanna Do’ a ‘Everybody Knows (Except You)’ de Divine Comedy, no te lo podrás quitar de la cabeza.



Sin embargo, homenajes y parecidos casuales aparte (un título como ‘Hoping and Praying’ no puede sino hacer pensar en ‘Wishin’ And Hopin’ de Dusty Springfield), lo importante de verdad es que ‘Loveless Unbeliever’ recopila todas las canciones importantes que el grupo ha ido editando en singles durante los últimos años, junto a otras a la altura. Está ‘Let It Slip’, que debería ser un himno atemporal, y no falta ‘I Don’t Believe In Love’ de la banda sonora de ‘Yo también’, junto a su nuevo single ‘Is He Really Coming Home?‘. Las letras, que buscan constantemente un hombro en el que apoyarse cuando tu propio cuerpo no te permite sostenerte en pie (‘Shoulder’), remiten a noviazgos y a rupturas típicas de la adolescencia. “Me encanta todo, todo sobre ti. Haría cualquier cosa por abrazarte”, “dijo que siempre sería honesto y que nunca me dejaría”, “si alguna vez me dejas, ¿te irás inmediatamente con ella o aguantarás tú solo?”, etcétera. Historias sobre celos deliciosamente orquestadas en la producción de Ian Catt (Saint Etienne, Niza), que no encuentran un punto bajo en las trece pistas de ‘Loveless Unbeliever’. ¿Alguna vez te has cansado de ver ‘Grease’?
Sebas.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Dorian: ‘La Ciudad Subterránea’ (PIAS, 2009)



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Previsibles, moñas, simplones hasta la zafiedad. O bien adictivos, tiernos y de un naïf que conecta magistralmente con cualquier corazón mínimamente permeable. Sólo por la cantidad de discrepancias que generan, merece la pena que existan grupos como Dorian al igual que merece la pena que existan futbolistas como Guti. Despiertan aquéllos reacciones tan contrapuestas cuando suenan en la discoteca como éste cuando calienta en la banda. No puede ser, por tanto, más acertado el lema “id como una plaga contra el aburrimiento del mundo”, de Ezra Pound, que aparece en la carátula del tercer disco de los barceloneses, La Ciudad Subterránea. Con más chumba-chumba, sintetizadores más robustos, guitarras mucho más eclipsadas y una producción más pulcra, Dorian reaparecen para afrontar la difícil misión de no ser durante el resto de su existencia el grupo que compuso el brillante himno Cualquier Otra Parte”.



Para que no les suceda, optan por el continuismo en sus dulces voces, dulces melodías, a veces dulces letras, empalagoso todo junto para muchos. Se afianzan, en cambio, en el sonido ochentero y en el electropop para dejar de lado todo atisbo de rock (entendámonos, que las guitarras quedan en tercerísimo tercer plano si es que aparecen). Eso sí, el bajo no deja en ningún momento de decir “aquí estoy yo”. En conjunto, el trabajo es más serio, directo y claro que cualquiera de sus anteriores largos. La portada ya lo anuncia, pues su diseño está bastante más currado que el del anterior El Futuro No Es De Nadie, cuya cubierta podría ser considerada una de las más feas de la historia de la música. Y, sin embargo, era mucho más entrañable y genuina, como eran más entrañables y genuinos temas de Dorian como Te Echamos De Menos (incluido en el primer disco, 10.000 Metropolis), el citado “Cualquier Otra Parte” o “Al Final De La Escapada”, ambos en “El Futuro No Es De Nadie”. El tiempo dará o quitará razones convirtiendo o no en hits de la escena indie  alguna de las canciones de “La Ciudad Subterránea”.



Arranca el disco con sonido de videojuego y un “Simulacro De Emergencia” con mucho empaque, que funciona como contundente gancho inicial. A medio camino entre la ternura y el tópico, “Verte Amanecer” es una bonita canción de amor de las que parecen cursis en función del estado de ánimo de quién la escucha. Pero, en cualquier caso, el disco va fabricando a medida que avanza una coherencia –algunos dirán monotonía– y un discurso electropop edulcorado –esta vez sin concesiones en ambas– que sólo puede despertar odios o admiraciones. Con un imaginario de “pastillas rosas”, amaneceres de resaca con desamor, luces de neón multicolor y en general ese aroma a desfase existencial que se huele cualquier domingo a las ocho de la mañana al salir de un garito subterráneo del Gótico de Barcelona, Dorian consiguen erigirse en un buen reflejo de inconfundibles aspectos de la personalidad o la pose de la actual juventud indie de este país.



“La Ciudad Subterránea” roza su punto de apogeo con “La Mañana Herida”, principal candidata a convertirse en himno pese a algún tramo de la canción en que la letra flojea de forma evidente. Sin embargo, es en “Veleros”, sangrante y más madura y con la voz de Marc brillando a la luz de los teclados, donde la lágrima del oyente predispuesto al regocijo quedará más cerca de caer.  Pero, si lo hace, no brotará el llanto en ningún tema con tanta determinación como en muchas de las canciones de su anterior “El Futuro No Es De Nadie”, tal vez precisamente porque el nuevo es un disco mucho más seguro de sí mismo. Dorian, en cualquier caso, son lo que son, no engañan a nadie y tienen cada vez más claro su camino y su mensaje.
Germán Aranda.