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domingo, 13 de junio de 2010

Maika Makovski: Maika Makovski (Origami, 2010)




Hay artistas que se expresan en un idioma construido a partir del de todos sus predecesores. Hay discos que condensan el aroma de los clásicos. Hay música que contiene todas las músicas. Así es Maika Makovski, la artista, su disco y su música. Maika, mallorquina con sangre andaluza y macedonia que ha vivido en Nueva York y siempre vuelve a Barcelona, presenta su tercer trabajo grabado y producido por John Parish en Bristol y Bath.

Puede que la presencia de Parish en los controles dispare las comparaciones con PJ Harvey. Seguro que los comparadores fallan el tiro. Como Polly Jean, Maika es una mujer que compone, canta, toca la guitarra y el piano, una tía con carácter que hace canciones como sólo se deberían hacer: con pasión e intensidad. Hija de Vangel Makovski, un multiinstrumentista afincado en Palma, Maika se ha alimentado con música. Y, por lo que cuenta, siempre le ha gustado comer de todo. Lo misma cita a Stooges, Damned, The Cramps o Dead Moon que habla de Son House, Skip James y otros clásicos del blues del Delta.

A veces confiesa que Prince es “una de las paredes maestras de mi caja de música” pero siempre deja hueco en esa virtuosa caja de Pandora para Neil Young, Ike & Tina Turner o Serge Gainsbourg. Quizá nada de eso suene de forma evidente en las canciones de su tercer trabajo y, sin embargo, todo está ahí, escondido en algún lado para sugerir a tu subconsciente que éste es uno de esos discos que seguirá en la banda sonora de tu vida dentro de diez años.

Maika canta a hombres sin sangre en las venas ‘No Blood’ y a tipos por los que desangrarse ‘The Bastard And The Tramp’, ‘Oh M Ah’, maúlla para reivindicar el amor volcánico ‘Lava Love’, ‘The Deadly Potion Of Passion’ y reniega de ese otro amor que no es tal sino droga mal cortada
Game Of Doses’, se arrodilla ante el diablo ‘Devil Tricks’ y suspira por la vida en el campo desde los rascacielos de Manhattan ‘City Life’. Maika ha encontrado el destino de un viaje que
empezó ganando el Festival de Pop Rock de Palma de Mallorca con 15 años. Dando pisadas con botas de punta de acero punk en su primer disco, Kradiaw (2005), y con zapatos de bailarina en Kraj So Kóferot (2007). Reuniendo a los mejores compañeros de travesía posibles (David Martínez a la batería, Juan Carlos Luque al bajo y la percusión y Oskar Benas a la guitarra, el banjo y los coros) y conquistando con ellos escenarios de todo el mundo. Maika Makovski ha destilado su esencia y, con ella, la de toda la buena música. Por eso ha llamado su disco con la única definición posible: Maika Makovski.
Pedro Bravo


domingo, 10 de enero de 2010

Boat Beam. El triángulo equilátero del Folk.




La inquietud es una cualidad que el ser humano debería mimar y potenciar hasta la extenuación, hasta alcanzar sus metas, realizar sus sueños, lograr descifrar los enigmas de su existencia; El resultado de viajes, casualidades y coincidencias suele ser el punto de partida de grandes historias, como la que presento a continuación.

Un día alejado de otro cualquiera, Josephine Ayling decidió facturar su funda de guitarra en aeropuertos de Reino Unido y su Australia natal, poniendo rumbo a Madrid e iniciando un cambio en su vida, como solista, desprendiéndose de un exceso de equipaje como componente de bandas del Indie local en Sydney (Terrapin o Sparkadia).

Desde tierras americanas, Alisha Buttke decide dar el mismo paso tras haber participado en diversos proyectos de música clásica, jazz y rock, tocando la viola.

Madrid como testigo de excepción presenciará como la afinidad musical y personal, propiciará el nacimiento de un dúo llamado Boat Beam que inicia un ilusionante viaje melódico a través del sonido underground en pequeños locales de la capital española, ofreciendo billetes de ida a lugares lejanos, y exquisitas delicias instrumentales que protegen en la calidez del hogar. Momento en el cual aparece Aurora, que hasta la fecha había trabajado como chelista con Russian Red, Christina Rosenvinge o Superjelly.

Boat Beam usando las cuerdas de su guitarra, su viola, su chelo y su piano, tejen música que suena a Debussy y Satie pero también a The Cinematic Orchestra y The Divine Comedy. Con sus voces, imposible es no pensar en Fiona Apple o Tori Amos pero también como las que cantarían escritores como Sylvia Plath o Patrick Süskind si se hubiesen dedicado a ello.

Como si se tratase de un partido amistoso entre Laura Marling, Alela Diane y Jenny Lewis contra promesas como Russian Red, Alondra Bentley y Anni B Sweet.

Puzzle Shapes (Origami Records, 2009) es como un día soleado en un festival folk. Resulta realmente fácil dejarse llevar por las melodías de sus diez canciones y el canto de sirenas de Josephine, Alisha y Aurora, más aun cuando hacen que afloren los sentimientos, cuando puedes disfrutar de momentos tan íntimos con The Rain Paulycon arpegios y juegos vocales deliciosos; o bucear en el oceánico Fallin over con un piano embriagador, que genera un brainstorming de pensamientos y emociones, a veces controvertidas; Lion Hunt no es el cuadro de Rubbens, sino el tema más representativo de un Indie actualmente generalizado, con arreglos de corte clásico, que hace de Boat Beam algo más que un simple producto de indie pop, con una buena dosis de sensibilidad que siempre es un valor añadido a la hora de escuchar a nuevos grupos. Y que decir de "One Becomes Two", una auténtica maravilla.

Sus canciones ofrecen un pop clásico, actual, atemporal, que enamoran para siempre a la primera estrofa, que nos regalan sus experiencias, sus pasiones, sus anhelos, sus aventuras… Su vida.



Porque siempre hay una canción.