lunes, 21 de junio de 2010

Howe Gelb & A Band Of Gypsies: Alegrías (Eureka, 2010)




Howe Gelb podría apalancarse en el sofá de su bien ganada reputación, pero prefiere los saltos sin red, los discos con vida propia y el cosquilleo de la incertidumbre. Su nuevo trabajo tiende un puente entre Arizona y el Guadalquivir.

"Alegrías", el recién estrenado disco de Howe Gelb & A Band Of Gypsies, tiene trazas de disco impar. De aventura irrepetible. De uno entre un millón. Resumiendo mucho, es el resultado del encuentro en Córdoba de Howe Gelb –jefe de Giant Sand–, Raimundo Amador –el más acreditado embajador de la guitarra flamenca en territorio rock: Veneno o Pata Negra no se entienden sin él– y el gran John Parish, quien se encargó de mezclar el álbum. Lin Cortés, Añil, Panki, Ramos y Tøgher T. Lund completan la banda de gitanos que acompaña a Gelb. Seguro que eso les suena, porque Band Of Gypsies fue el último grupo formado por Jimi Hendrix antes de su fallecimiento y Jimi Hendrix es el artista no flamenco más influyente en Raimundo Amador, quien publicó con Pata Negra un sensacional disco de blues, flamenco y rock llamado "Blues de la Frontera"; casi veinticinco años después, parece cerrar un círculo imaginario con éste trabajo, en el que comparte canciones con el padrino del rock fronterizo.

Así, entre guiños, homenajes y alegrías, discurre un disco peculiar y extraño, lleno de detalles que parecen casuales, aunque quizá no lo sean. No hablamos de una obra redonda, pero sí de álbum del que se pueden rescatar algunos minutos realmente inspirados ‘4 Door Maverick’, ‘Cowboy Boots On Cobble Stone’, ‘Blood Orange’, ‘Uneven Light Of Day’, y que conviene aplaudir por su voluntad de mantener el diálogo entre dos géneros –rock y flamenco– que todavía no se han dicho todo.
César Luquero

miércoles, 16 de junio de 2010

Tulsa: Espera la Pálida (Subterfuge, 2010)



( Spotify )

Tulsa, capital mundial del petróleo, es también capital nacional del desamor. La banda liderada por Miren Iza demostró en ‘Solo me has rozado’ (Subterfuge, 2007) saber sacar oro musical de los pozos del desengaño y el desánimo. Vuelven a demostrarlo el 19 de enero del 2010 con ‘Espera la pálida’ (Subtefuge, 2010), y con todavía mayor elocuencia.

Siguen adheridos a la Americana en su facción alternativa, pero se mueven entre rock, country y pop del Medio Oeste con letras no en inglés –como hiciera Iza con Electrobikinis–, sino en perfectamente honesto castellano. "Solo volvería a escribir en inglés si me enamorara de un americano, me llevara a vivir a Wichita y después de 20 años viviendo allí, en nuestra casa móvil, sintiera que es hora de que me entiendan mis vecinos", me dice Miren en una carta. Y pienso, ¿para cuándo el libro de relatos? La gran narrativa le sale sola. Que dé el salto, como Willy Vlautin.

Por lo comentado hasta ahora, ‘Espera la pálida’ podría haberse llamado ‘Solo me has rozado, la venganza’. Y en realidad es una bestia distinta, más calmada y a la vez más fiera, si esto tiene algún sentido. Sí, lo tiene: su fuerza está en su serena amargura y la delicadeza de matiz. El productor Karlos Osinaga (Lisabö) parece haber inspirado al grupo a eliminar todo lo superfluo, concentrarse en la esencia de sonido y sentimiento, grabar en directo –y sin revolver demasiadas tomas; salvando las voces, todo se registró en una sola semana– para capturar la pulsación de la verdad. Podríamos hablar de South San Gabriel, pero quizá sería mejor hacerlo de Centro-matic, por su sonido más naturalizado.

Hay letras sobre el desamor, por supuesto. Al fin y al cabo, esto es Tulsa, meca del corazón roto. "Algo dentro de mí se ha roto / se ha partido como una nuez / Había pedido que esto no nos pasara a ti y a mí", canta Miren en ‘Algo ha cambiado para siempre’; los efectos son dolorosos a la vez que placenteros; hablamos de música para yonquis del hundimiento. Pero también hay mucho de recapitulación, de admisión del concepto consecuencia, de parada y reflexión antes de iniciar otra serie de catastróficas –o inspiradoras, según se mire– desdichas.
En eso también se detecta una madurez nueva en la banda. Se acerca el final del disco –mejor en vinilo, o digital, por la versión de Nick Cave– y con la última pisada de ‘Barro’, uno siente sanar las cicatrices, superar tornados y granizo. ‘Espera la pálida’: repara y protege.
Juan Manuel Freire

Recomiendo no pasar por alto ‘Te Ofrecí', Tulsa en estado puro.




martes, 15 de junio de 2010

Jubilee: A Place Called Home (Grabaciones en el mar, 2010)




La desconocida banda que debutaba en un lejano 2003 con ‘The Ghost Orchestra’ (Mushroom Pillow), vuelve para recordarnos que todavía se pueden hacer grandes canciones de ese pop atemporal, provocador de tarareos pegajosos y adictivos, que juguetea sin complejos con la psicodelia o el folk americano. Los once temas de ‘A Place Called Home’, grabados en directo en los estudios Sequentialee de Andújar (Jaén) con intrumentos vintage, te llenan tanto de nostalgia y de emociones encontradas que no importan las etiquetas, ni qué día marca hoy el calendario. Llega el momento de sacar el vinilo de su funda, colocarlo en el plato y dejarte llevar a otra época. A cuando descubriste a los Beatles o a Eric Clapton, a tu adolescencia, al momento en el que dejaste pasar a ese gran amor. O a ayer mismo cuando te sentiste triste sin saber muy bien por qué.

Pedro Cantudo, líder de Jubilee y productor de proyectos como Tarik y la Fábrica de Colores, Limousine o Los Flamingos, reabre la caja de Pandora de la mano de Grabaciones en el Mar con este nuevo trabajo para el que se auguran directos y algo más de movimiento que con su primer LP. La masterización se la encargaron a los ilustres estudios californianos Golden, el horno del que salieron cositas la mar de interesantes de gente como Sonic Youth, Eleni Mandell o Chris Isaak.

Abriendo el álbum nos encontramos con la genial ‘Nobody Waiting At Home’, un piano majestuoso y una letra demoledora que enlaza la soledad de la niñez con la que generan ciertos amores infructuosos. Celebración y optimismo se mezclan en ‘She’s Mine’ o ‘Is My Love What Keeps Me Rolling’. La relajante ‘Sea Dream’ precede a la más sucia y descarada ‘She Never Cared About Love’. Y entre las más folclóricas aparece la deliciosa ‘Riverside Lane’, que contiene los arreglos de cuerda más llamativos del disco.

Justo después, reuniendo un poco de todo lo anterior, nos topamos con ese final sobrecogedor que supone ‘Time Is Over’. El tiempo se acaba, para todo. Eso ya lo sabemos. Pero la sencillez y la elegancia con la que nos lo cuentan Jubilee, hace desear por un instante que el tiempo se pare y aquello que a veces se parece a la felicidad dure un poquito más.

Angèle Leciel

 

Recomiendo no pasar por alto ‘Stay With Me’, una exquisita y seductora melodía, al alcance de muy pocos.


lunes, 14 de junio de 2010

Pantha Du Prince: Black Noise (Rough Trade, 2010)




Rough Trade publica el nuevo álbum de Phanta Du Prince, muy buenas noticias. Eso es que volverá a haber quien no se amilane ante propuestas así, o quien no almacene este disco sólo bajo la etiqueta de “electrónica” y nada más. En los discos anteriores de Hendrick Weber se han dado la mano el shoegaze con el ambient y el microhouse, como si hiciera méritos para ser lo mejor de aquella serie que sacó Darla llamada “Bliss Out”. No hay huidas en ningún sentido, el álbum es pariente cercano de “This Bliss” (Dial, 07). Inmediato, sacando calor del frío, y tendiendo puentes entre la psicodelia y el razonamiento abstracto. Para entendernos, Weber ha decidido conscientemente no usar elementos nuevos sino jugar a usar los más habituales de la década pasada con una intención distinta de la normal, dando todas las pistas de por dónde puede ir el tema pero sin llegar a descubrirlo del todo, y sin salirse de su papel de maestro de ceremonias de una fiesta ascendente a la que le cuesta un poco despegar de Morr Music, pero en el momento que lo hace, desde ese ‘Stick To My Side’, se transforma en una de las fiestas más elegantes que ha publicado el sello en mucho tiempo.
Jorge Obón



domingo, 13 de junio de 2010

Maika Makovski: Maika Makovski (Origami, 2010)




Hay artistas que se expresan en un idioma construido a partir del de todos sus predecesores. Hay discos que condensan el aroma de los clásicos. Hay música que contiene todas las músicas. Así es Maika Makovski, la artista, su disco y su música. Maika, mallorquina con sangre andaluza y macedonia que ha vivido en Nueva York y siempre vuelve a Barcelona, presenta su tercer trabajo grabado y producido por John Parish en Bristol y Bath.

Puede que la presencia de Parish en los controles dispare las comparaciones con PJ Harvey. Seguro que los comparadores fallan el tiro. Como Polly Jean, Maika es una mujer que compone, canta, toca la guitarra y el piano, una tía con carácter que hace canciones como sólo se deberían hacer: con pasión e intensidad. Hija de Vangel Makovski, un multiinstrumentista afincado en Palma, Maika se ha alimentado con música. Y, por lo que cuenta, siempre le ha gustado comer de todo. Lo misma cita a Stooges, Damned, The Cramps o Dead Moon que habla de Son House, Skip James y otros clásicos del blues del Delta.

A veces confiesa que Prince es “una de las paredes maestras de mi caja de música” pero siempre deja hueco en esa virtuosa caja de Pandora para Neil Young, Ike & Tina Turner o Serge Gainsbourg. Quizá nada de eso suene de forma evidente en las canciones de su tercer trabajo y, sin embargo, todo está ahí, escondido en algún lado para sugerir a tu subconsciente que éste es uno de esos discos que seguirá en la banda sonora de tu vida dentro de diez años.

Maika canta a hombres sin sangre en las venas ‘No Blood’ y a tipos por los que desangrarse ‘The Bastard And The Tramp’, ‘Oh M Ah’, maúlla para reivindicar el amor volcánico ‘Lava Love’, ‘The Deadly Potion Of Passion’ y reniega de ese otro amor que no es tal sino droga mal cortada
‘Game Of Doses’, se arrodilla ante el diablo ‘Devil Tricks’ y suspira por la vida en el campo desde los rascacielos de Manhattan ‘City Life’. Maika ha encontrado el destino de un viaje que
empezó ganando el Festival de Pop Rock de Palma de Mallorca con 15 años. Dando pisadas con botas de punta de acero punk en su primer disco, Kradiaw (2005), y con zapatos de bailarina en Kraj So Kóferot (2007). Reuniendo a los mejores compañeros de travesía posibles (David Martínez a la batería, Juan Carlos Luque al bajo y la percusión y Oskar Benas a la guitarra, el banjo y los coros) y conquistando con ellos escenarios de todo el mundo. Maika Makovski ha destilado su esencia y, con ella, la de toda la buena música. Por eso ha llamado su disco con la única definición posible: Maika Makovski.
Pedro Bravo